Carta Pastoral de su Obispo

Posted by on Nov 23, 2016 in Updates

Bishop MoralesMis queridos hermanos y hermanas de la Diócesis de Quincy

PAX!

La Iglesia durante las cuatro semanas anteriores a la Navidad y especialmente los domingos dedica la liturgia de la misa a la contemplación de la primera “llegada” de Cristo a la tierra, de su próxima “llegada” triunfal y la disposición que debemos tener para recibirlo. El color azul de los ornamentos usados en sus celebraciones nos recuerda la actitud de espera gozosa que todos los cristianos debemos tener para prepararnos a tan importante evento.

Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

Adviento Místico. Es la preparación moral del pueblo de Dios hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para comprometernos a la obra de evangelización y la oración que nos dispone, como personas, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del

Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente a nosotros. Es necesario que nos percatemos de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras ( … y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin, credo niceno). La Iglesia nos invita  a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna de aquellos que aceptaron a Jesús como su salvador.

Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre;(cfr. Hebrews 13:8) Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.

Durante el tiempo del Adviento la liturgia pone a nuestra consideración al Dios – Amor que se hace presente en la historia de la humanidad, Dios que salva al género humano por medio de Jesús de Nazaret en quien el Padre se revela. (Lk, 2:11)

El Adviento nos debe hacer crecer en nuestra convicción de que Dios nos ama y nos quiere salvar, y debe acrecentar nuestro amor agradecido a Dios.

Adviento es el tiempo litúrgico de dimensión escatológica, el tiempo que nos recuerda que la vida del cristiano no termina acá, sino que Dios nos ha destinado a la eternidad, a la salvación; (Jn:10,28-30) en este proyecto la historia es el lugar de las promesas de Dios.

Dios anuncia y cumple sus promesas en nuestra historia. Adviento es el tiempo en que celebramos la dimensión escatológica de nuestra fe, pues nos presenta el plan divino de salvación con elementos ya realizados en Cristo y con otros elementos de plenitud que aún esperamos se cumplan.

Esta esperanza escatológica supone una actitud de vigilancia, porque el Señor vendrá cuando menos lo pensamos. (Mark13:33) La vigilancia requiere la fidelidad, la espera ansiosa y también el compromiso radical del cristiano que espera el retorno del Señor.  Es el grito interior de: ¡MARANATHA, VEN, SEÑOR JESÚS!.  Esperar en el Señor supone estar convencido que sólo de Él viene la salvación, sólo Él puede liberarnos de nuestra miseria, de esa miseria que nos esclaviza e impide crecer; el tiempo de Adviento nos recuerda que se acerca el Salvador por eso la esperanza va unida a la alegría, el gozo y la confianza.

Adviento es también, el tiempo del compromiso; la invitación del Bautista a preparar los caminos del Señor (Mark 1:3) nos presenta como ideal una espera activa y eficaz. No se espera al Señor que vendrá con los brazos cruzados sino en actividad, en el esfuerzo por contribuir a construir un mundo mejor, más justo, más pacífico donde se viva la fraternidad y la solidaridad. La espera del cielo nuevo y tierra nueva nos impulsa a esta acción transformante de nuestro mundo, pues así éste va madurando y preparándose positivamente para la transformación definitiva al final de los tiempos.(Rev.21)

La espera escatológica definitiva al final de los tiempos no es una invitación a la ausencia del compromiso con la sociedad terrena sino un estímulo a prepararla para su transformación en El.

El Adviento nos hace desear ardientemente el retorno de Cristo, pero la visión de nuestro mundo injusto, sembrado de odio y división nos revela su falta de preparación para recibir al Señor. Los creyentes hemos de preparar el mundo y madurarlo para la venida del Señor. (Mathew 28:19-20)

El tiempo del Adviento nos presenta tres personajes que nos ayudan a preparamos para las fiestas navideñas.

Isaías es el profeta del Adviento(Is7:14). En sus palabras resuena el eco de la gran esperanza que confortará al pueblo elegido en tiempos difíciles y trascendentales, en su actitud y sus palabras se manifiesta la espera, la venida del Rey Mesías. Él anuncia una esperanza para todos los tiempos.

En nuestro tiempo conviene mirar la figura de Isaías y escuchar su mensaje que nos dice que no todo está perdido, porque el Dios Fiel en quien creemos no abandona nunca a su pueblo, sino por el contrario, le da la salvación.

Juan Bautista, el Precursor, es otro de los personajes del Adviento;(Mt.3:1-12) él en su persona y sus palabras nos resume toda la historia anterior, él prepara los caminos del Señor, nos invita a la conversión, anuncia la salvación, señala a Cristo entre los hombres. Las palabras de invitación a la penitencia de Juan el Bautista cobran una gran actualidad hoy, su invitación es importantísima; para recibir al Señor hay que cambiar nuestra mentalidad engendradora de malas acciones, para encontrarnos con Él después de nuestro cambio interior.

María, la Madre del Señor es el tercer personaje del Adviento. En ella culmina y adquiere una dimensión maravillosa toda la esperanza del mesianismo hebreo. María espera al Señor comprometiéndose a cooperar en la obra redentora con su sí “be it done tu me according to Thy Word”.(Lk. 1:30-38) Su actitud de confianza y esperanza activa es un modelo a seguir.

La esperanza cristiana es algo más que un mero consuelo en el futuro. Consiste, ni más ni menos, en la pretensión de transformar históricamente las relaciones entre los seres humanos. Los cristianos son testigos de una promesa que evoca novedades en la historia.

La Iglesia como signo práctico y efectivo de la esperanza cristiana debería ser una fuerza transformadora que prepare al mundo para la segunda venida de Cristo y no el mundo desconectar a la Iglesia de su vocación profética y su compromiso con Cristo en medio de la sociedad humana.

Incluso, aunque a causa de los prejuicios seculares ha sido a menudo lo contrario, la Iglesia debe ser la “patria de la libertad”, y puesto que su esperanza se expande a más allá de la historia, debe poder cuestionar cualquier sociedad que se enquiste en su propia idolatría.  Es más, debe ejercer un papel crítico frente a cualquier ideología, pues éstas siempre están en peligro de absolutizarse. Sin embargo, no es papel de la Iglesia en nuestra sociedad plural proponer un determinado orden social, porque con ello caería en una nueva forma de sacralización de la política.

Estas reflexiones a partir del mensaje bíblico al comienzo del Adviento y a la luz de la teología  nos muestran que la esperanza cristiana es algo muy activo, o no es nada.

Por eso la historia siempre está abierta a algo nuevo, y Dios es así el Señor de un futuro imprevisible. De esta manera la historia misma no habla tanto de un Dios que existe, es decir, que está ahí y que siempre se revela en los mismos acontecimientos, cuanto de un Dios que está por venir, que viene: un Dios en ad-venimiento (Adviento).

Que el Adviento nos ayude a cantar con fuerzas renovadas, con fe viva y esperanza cierta:  MARANATHA, VEN SENOR JESUS!

En Cristo Jesús,

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+Alberto, OSB
Quincy IX

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